Un cambio de vidas

Ninguno de los dos estaba preparado y ¿quién podría estarlo para una situación así?

Nadie podría estar preparado para la situación que le sucedió a Santiago y Cecilia aquella noche de invierno después de que Alberto; aquel amigo de infancia de Santiago y hoy Director del hospital de la ciudad golpease la puerta de una manera desesperada.

No podían imaginar que ese día terminaría mal, sobre todo porque aquel día fue un feriado y por ello estuvieron con su hija Diana compartiendo toda la tarde, ese día comprendieron entre otras cosas que el tiempo que uno disfruta con los seres queridos es lo más valioso que alguien puede anhelar y se cuestionaban como puede caber tanto amor en sus corazones hacia aquella niña que cuando sonreía les recordaba que la vida es hermosa y que tienen un motivo para salir a batallar en la vida, la contemplaban correr y reír mientras pensaban lo mucho que ha cambiado sus vidas los últimos 4 años con esa pequeña hija a lado.

Esa noche la visita de su amigo lo haría replantearse muchas cosas de la vida.
– Santiago… tengo que contarles algo muy delicado dice su amigo Alberto.
Santiago lo hace pasar a la sala, se suma Cecilia a la reunión, se sientan y lo escuchan atentamente:
– Mirá, esto es lo que pasa: hace unas semanas empezamos a hacer una auditoría en el hospital para modernizar el sistema informático, usar el big data para detectar más fácilmente errores, negligencias o encontrar patrones y casos que podrían alarmarnos. Y en uno de estos cruces de datos, saltó el nombre de tu hija.
La sombra de la noche fue mucho más oscura desde ese momento, el corazón de esos padres se detuvo por unos instantes al escuchar el nombre de su adorada hija, empezaron a imaginarse un infierno de posibilidades; ya que la nena había nacido y se había hecho varios estudios en ese hospital. La posibilidad de que ella tenga algo malo los destrozaría, pero Alberto interrumpió rápido aquel momento de tensión.
– Ella está bien de salud dijo Alberto, pero su nombre saltó en un caso de error hospitalario. La situación es que; mediante los cruces de grandes datos me di cuenta que Diana no es su verdadera hija, hubo un error en la sala de incubación, el sistema detectó y los registros esclarecieron el error, Diana es en realidad hija de otros padres, que actualmente viven a más de 100 km de la ciudad. Pero esta situación es muy difícil y nosotros vamos a asumir el error, pero primero voy a anteponer mi amistad a mi ética profesional. Por eso vengo a contarles esto primero a ustedes para que decidan que hacemos, si contamos la verdad a la otra familia o dejamos todo como está. Hablen y me escriben mañana para reunirnos nuevamente dijo Alberto y se despidió de ellos con un gesto de disculpas, mientras el estado de conmoción aún inundaba a esos padres primerizos.
No pudieron dormir aquella noche, lloraron imaginando la idea de que ya no le contarían cuentos por las noches a la pequeña Diana, que no podrían estar presentes cuando ella baile o cante en la escuela, no estarían escuchando una y otra vez preguntar sobre el porqué de todo lo que ve a su alrededor ni ayudándola a entender el mundo. Los últimos 4 años su mundo giró sobre ese pequeño ser que desbordaba felicidad, ese mini terremoto que corría como si no hubiera nunca obstáculos y que podía alegrar hasta el día más pesado con un “te quiero mucho mami” o un “buenas noches papi”. Con los ojos rojos y la garganta amordazada fueron a mirar dormir a la pequeña Diana, imaginar que ya no podrían hacerlo los destrozaba.
La situación era horrible, pero a la vez un poco liberador ese momento de iluminación cuando pudieron entender realmente la paternidad. Se dieron cuenta que el amor a los hijos no estaba en la sangre si no en los momentos compartidos, que importaba una mierda la genética cuando el vinculo más fuerte era la de estar ahí en los momentos importantes acompañando su crecimiento, viéndola aprender sus primeras palabras, educándola con amor y disfrutando el maravilloso espectáculo de ver como crece y descubre la vida.
No puedo contar que decisión tomaron aquella noche, pero si puedo hablarles de la decisión que tomaron unos años después cuando decidieron tener otro hijo más y esta vez decidieron adoptar, primero porque ya entendieron que el vínculo no estaba en el ADN y segundo porque creían que era egoísta eso de idealizar a un hijo como una mini versión de uno mismo o querer que terminen pareciéndose a uno. En lugar de eso ya solamente querían hijos que sean felices y que crezcan forjando su propia identidad, sus propios sueños e ideales.
No puedo contarles lo que decidieron aquella noche, me pongo a pensar y creo que yo no sabría qué decisión tomar. ¿y ustedes?

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