馃摑 10 Micro cuentos de Mario Halley Mora

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Mario Halley Mora es tal vez junto a Helio Vera mi escritor paraguayo favorito.聽De su libro de «Cuentos, micro cuentos y anticuentos» 聽rescato y comparto con ustedes diez de mis favoritos.

 

En el origen

El fruto que hab铆a arrancado ten铆a sabroso aspecto, pero la c谩scara era dura. Entonces, en la mente elemental surgi贸 una idea: pod铆a golpear el fruto con una piedra y romper la envoltura. As铆 lo hizo con 茅xito, e invent贸 de esta manera la primera herramienta: el martillo. Contento, fue a buscar otro fruto. Lo hall贸 y al repetir la operaci贸n se aplast贸 el dedo. Entonces, invent贸 la primera palabrota.

La diferencia

El perro lustroso y bien comido contempl贸 a trav茅s de las rejas de la mansi贸n al perrillo sin nombre y con pulgas que pasaba trotando con sus costillas a flor de piel. El perro de la mansi贸n era de raza seleccionada. El perrillo era de todas y de ninguna. Y entre los dos perros hab铆a una gran diferencia: las rejas.

Secreto

Ten铆a 18 a帽os y los luc铆a como si fueran kilates. Vest铆a con elegancia y distinci贸n, siempre lo de 煤ltima moda y lo m谩s caro, a pesar de no ser rica. Sus amigas le preguntaban聽su m茅todo, pero ella callaba, porque sencillamente hab铆a descubierto que para vestir bien, el secreto era desvestirse bien.

El jardinero

脡l ten铆a 55 a帽os y ella 20. Ella quiso dise帽ar un nuevo jard铆n y el esposo consinti贸. Se dividieron el trabajo y mientras 茅l compraba las semillas, ella contrat贸 al jardinero. Las rosas florecen y resplandecen. Y ella, m谩s.

Amor y celos

Fue el primer amor, y como siempre sucede, ella se cas贸 con otro, y 茅l permaneci贸 soltero, un poco por desenga帽o y otro poco por comodidad. Ella tuvo una hija que era su vivo retrato. 脡l, maduro ya, conoci贸 a la hija聽de su antiguo amor, y la am贸 como hab铆a amado a la madre, y la muchacha am贸 al gal谩n maduro como no lo hab铆a amado su madre. La madre siente unos celos ardientes, pero todav铆a no est谩 segura de qui茅n.

Locuras

La loca me mir贸 a trav茅s de las rejas y sonri贸. Era joven y hermosa y so帽茅 con hacer m铆a a aquella mujer despu茅s de rescatarla de la obscuridad. Volv铆 una y otra vez, pero el m茅dico me dijo: 芦Es incurable禄. La miraba y me dol铆a su hermosura y su sonrisa de ni帽a confiada. Mi sue帽o de curarla y tenerla se hizo trizas, pues ella nunca ser铆a cuerda. Sin embargo, ahora somos felices. Yo me volv铆 loco, estamos juntos.

 

驴Vivir…?

Carlos muri贸 a los 76 a帽os. A los 20 hab铆a entrado a trabajar de dependiente en un gran almac茅n, y se jubil贸 a los 50. Joven a煤n, volvi贸 a emplearse en otro almac茅n, y se jubil贸 a los 75, muriendo un a帽o despu茅s, casi sin gozar de su doble jubilaci贸n. Por su parte, Ra煤l muri贸 a los 32 a帽os. A los 15 se hab铆a fugado de su hogar y viaj贸 como ayudante de cocinero en un barco de ultramar. Fue mozo en Par铆s, m煤sico en Atenas, soldado en 脕frica, croupier en Montecarlo y gondolero en Venecia. Cuando ten铆a 32 a帽os, lo mat贸 un marinero celoso. Carlos vivi贸 mucho, pero vivi贸 poco. Ra煤l vivi贸 poco, pero vivi贸 mucho.

Ministro

Se pasaba murmurando 芦Si yo fuera Ministro禄. Y un buen d铆a lo fue. Le abrumaron los problemas, tanto que olvid贸 las f贸rmulas milagrosas que pensaba cuando quer铆a ser Ministro. Entonces sali贸 a la calle, y encar谩ndose con un ciudadano con aire de infeliz, le pregunt贸: Qu茅 har铆a usted si fuera Ministro?

50 a帽os

Cuando cumpli贸 50 a帽os, decidi贸 celebrarlo con los amigos de cuando ten铆a 25. Eduardo, el bailar铆n incansable; Federico, el seductor; Arsenio, el infatigable contador de chistes; Juan Carlos, el prodigioso bebedor de cerveza. La idea era rememorar tiempos felices y vinieron todos, pero los recuerdos hab铆an ido quedando a pedazos en el itinerario de los a帽os. Adem谩s, el bailar铆n ten铆a reuma, y el seductor miraba su reloj con angustia, deseoso de irse a casa, y el contador de chistes se los hab铆a olvidado todos, enterrada su alegr铆a bajo los escombros de una jubilaci贸n m铆sera, y el bebedor de cerveza s贸lo tomaba Coca Cola, por su h铆gado. Cuando se fueron todos, se dijo desconsolado: 芦Los 50 a帽os no se cumplen. Se nos vienen encima禄.

Encuentro

Volv铆 a ver a mi primer amor. Me regal贸 la sombra de una sonrisa y se fue del brazo de su esposo. Le devolv铆 su esbozo de sonrisa y me fui del brazo de mi esposa. Pero las dos sonrisas quedaron all铆, se tomaron de la mano y se fueron caminando por las calles de la nostalgia.

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